ABCdario / Niño perdido

Por Víctor Octavio García

Cada vez que Alberto Rentería Santana hace declaraciones a la prensa –pretextos no faltan– le reviran o lo tiran a loco; por definición es un líder sin rebaño que nadie respeta ni le hace caso de no ser por el chascarrillo o maledicencias; su carta de presentación –mancha que nunca se quitará– es haber provocado el cierra del hotel Los Arcos, uno de los hoteles icono del turismo en nuestro estado.

Sin identidad –y sin perrito que le ladre– sigue en la política ofertando pena ajena; la semana pasada, después de numerosas jugadas de bastos, un solitario diputado de Morena sin mayores contemplaciones lo calificó como un “líder sin identidad”; “yo no sé qué es ni qué no es” dijo el representante popular ante el Congreso del Estado.

Para efectos prácticos, tal definición es la más acertada que se conoce sobre el siniestro líder gastronómico, más allá de la agolpada interrogante de “yo no qué es ni qué no es”, dudó que exista una definición más aproximada de quien es en realidad un genuino Bronx; un golpeador como los que pululan en el barrio Logan de San Diego Ca.

La prensa lo busca, lo tutea, lo canaliza y lo sube al ring cada vez que escasean las “8 columnas” como ha ocurrido infinidad de veces; un día se le va a la yugular a Víctor Castro, a Leonel Cota, a los diputados –como pasó la semana pasada– o contra Armida Castro, y al siguiente día aparece de aliado, de suerte que sus declaraciones se toman de quién vienen.

Hace unas semanas se comentó que sería designado director de Rofomex en Juan de la Costa, algo pasó porque no pasó nada; el caso es que el señor Alberto Rentería sigue en donde mismo, talando árboles en el desierto; lo curioso es la suerte con la que ha corrido para seguir gozando de plena libertad; desde hace por lo menos ocho años existen radicadas numerosas denuncias en su contra en la Procuraduría General de Justicia del Estado sin que hasta la fecha lo hayan tocado con alguna molesta orden de aprehensión; y así indiciado ante la justicia sigue cordeleando el partido que más votos ha obtenido en una elección en el estado; su suerte está echada a la de Yeidckol Polevnsky, dirigente nacional de Morena, quién en su confrontada relación con el presidente López Obrador “no se sabe qué es ni qué no es”.

Por lo pronto la prensa tiene y tendrán en qué entretenerse con un talador de bosques en el desierto, un líder con la identidad brutalmente perdida que sigue sin encontrar ni calentar lugar en esa pradera en llamas que está convertida Morena en el estado, propiamente desde su ascenso al poder tras su ríspida cohabitación con los panistas en BCS con quienes se disputarán la próxima gubernatura.

Hasta hoy no existen indicios, suposiciones, especulaciones etc., de que vaya a ser sustituido en la dirigencia de Morena en el estado; las graves contradicciones y confrontaciones que se viven en el partido es su mejor blindaje político de qué pase lo que pase no pasa nada; la vieja teoría que dominó en los tiempos del PRI de “que pase lo que pase no pasa nada”, es hoy una de las prácticas más recurrentes –de las muchas prácticas– que brincaron del PRI a Morena sin mayor problema. ¡Qué tal!.

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