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Aunque cueste más, el hot dog paceño no pierde su corona

Ni la cuesta de enero ni el paso del tiempo han logrado destronar al hot dog como el rey indiscutible de las cenas en la capital sudcaliforniana. Sin embargo, desde finales de diciembre, los consumidores se han encontrado con una nueva realidad: el tradicional “hate” subió de precio.

Un recorrido por distintos puntos de la ciudad confirma que los carritos de hot dogs aplicaron un incremento promedio de cinco pesos por pieza. Lo que hasta hace unas semanas se vendía entre 30 y 40 pesos, hoy se ofrece en un rango de 35 a 45 pesos, dependiendo de la zona y del puesto.

Lejos de tratarse de un aumento arbitrario, los comerciantes señalan que se trata de una medida necesaria para hacer frente al encarecimiento de los insumos. El hot dog paceño, fiel a su tradición, exige ingredientes específicos y de calidad: tocino bien seleccionado, pan artesanal, salchicha tipo longmont, mayonesa, mostaza, cebolla, tomate y chiles en vinagre triturados.

“El precio del tocino y el gas nos trae a raya”, confiesa Don Chuy, quien atiende su carrito desde hace más de una década. “No queríamos subirle porque sabemos que la gente viene con lo justo, pero si bajamos la calidad de la salchicha o del pan, el paceño se da cuenta de volada. Aquí el ‘hate’ se respeta; preferimos subir cinco pesitos que entregar algo que no esté bueno”.

La evolución del precio refleja con claridad el impacto de la economía. En 2020, un hot dog tradicional costaba alrededor de 20 pesos. Seis años después, el precio prácticamente se ha duplicado, con un incremento cercano al 100 por ciento.

Para los clientes habituales, la noticia se recibe con resignación, pero sin abandonar la costumbre.
“Yo me acuerdo cuando con un billete de 50 cenaba dos y hasta me sobraba para la soda”, comenta Arturo, estudiante que espera su pedido. “Pero ni modo, el ‘hate’ es el ‘hate’. Aunque suba, sigue siendo más barato que unos tacos de 40 pesos cada uno. Con dos bien preparados te vas a dormir lleno, y eso no te lo da cualquier cena”.

A pesar del ajuste, los puestos lucen tan concurridos como siempre. La explicación es sencilla: el hot dog continúa siendo una de las opciones más económicas frente a tortas, tamales o empanadas, cuyos precios han aumentado de forma más agresiva.

“Es la salvación de la quincena”, dice entre risas Lucía, madre de familia que compraba la cena para sus tres hijos. “Los viernes son de ‘hates’. Aunque ahora gastemos 20 o 30 pesos más, sigue siendo lo más rendidor para que todos cenemos rico”.

Entre el aroma del tocino frito y el vapor del pan recién salido de la vaporera, el hot dog paceño confirma que es mucho más que una comida rápida: es un pilar de la identidad y de la economía popular de La Paz que, incluso a 45 pesos, sigue sin tener rival.

NBCS Noticias

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